a su alma vieja
se la están comiendo los pájaros
mientras ella, ilusa,
piensa en renacer.
trilladas y vírgenes
A mi los que me dan miedo son las personas que no comunican. Los que observan silenciosos y acceden sumisos. Pueden parecer maleables, dóciles y vulnerables, pero los conozco, y te advierto: son una raza peligrosa. Suelen ser seres que a partir de sus propias percepciones elaboran elucubraciones enroscadas y firmes. Y al no tener frecuentes diálogos ni modos de expresión, son hipótesis frágiles y propias que con el tiempo son teorías son puentes de hierro oxidado e inamovible. Cualquier acto nimio e ingenuo realizado por su prójimo podrá ser interpretado -y nunca comunicado- como un acto intencional y cargado de motivaciones malignas. Son agua de tanque hasta que cae esta última gota, este inocente acto, o impredecibles factores cirscuntanciales. Allí es cuando el peligro acecha a todos los que a su alrededor se encuentran. Se sale el tapón del estanque y un remolino de ira empieza escupir odio a espectadores sorprendidos y desconcertados. Será una tormenta de verano: gotas gordas y furiosas y al rato nomás el sol. Pero yo creo que eso me da más miedo aún: el rencor que se aloja en las ranuras oscuras de la corteza de los árboles, mientras que un sol iluso cree que todo lo ilumina.

Sí, estoy bien, gracias. Estoy de maravillas. Oscilando entre la alegría y la felicidad. Ni siquiera se ha asomado –todavía- la angustia del bronceado navideño, ni la irritación ante el naturalizado consumismo bulímico, ni las arcadas frente al olor del pan dulce. El problema son las letras. Parece que me hicieron alguna especie de botín. A veces las tipeo y empieza una lucha asquerosa, las letras se empiezan a comer mutuamente, el bloc de notas se vuelve el anfitrión de un canibalismo salvaje, sangriento y literario. Otras veces las escribo y empiezan a retroceder, van desapareciendo y a medida que las vuelvo a plasmar se repliegan, las muy perras. La última vez que lo intenté pasó algo muy raro. Comenzó una especie de sopa orgiástica de letras. A medida que aparecían en la pantalla se empezaban a entrecruzar formando letras nunca antes vistas, no había distinción de géneros, ni de acentos, ni de esdrújulas: las consonantes se frotaban con las vocales, los acentos se metían en un menage a trois consolidando una sílaba al rojo vivo, una cosa de locos.
En fin, sí, estoy bien, gracias. Estoy de maravillas. Es mi vínculo con ellas el que está en crisis. Todavía desconozco si son los celos de otras miles de letras que estuvieron absorbiendo mis pupilas, tal vez se ofendieron porque las escupo en lugar de mimarlas, o alguien se las comió en la masa del lemon pie del otro post.
En fin, sí, estoy bien, gracias. Estoy de maravillas. El problema son las letras.
Cerró la puerta y se quedó acariciando el picaporte. Su mano y el picaporte estaban fuera de foco, sus zapatos marrones bien nítidos, llorosos y culpables. Cuando acercó su mano, el olor de su palma le recordó a la cuchara que con sus hermanos solían evitar durante su infancia, aquella que hacía que la chocolatada tuviera gusto a hierro. Pero un pestañeo lo devolvió a la realidad, y el suspiro se desgarró para que la angustia vuelva a invadir su estómago. El mundo puede ser complejo y multicolor pero si uno se detiene puede darse cuenta, pensó. Pero no había argumentación lógica que lo consuele. La nostalgia era una bola de diez kilos colgada en su nuez de Adán. Hay veces que no hay forma de escapar, pensó. La luz del palier se apagó y la oscuridad le devolvió la imagen que acababa de abandonar. La imagen más desgarradora de sus últimas décadas. Ella llorando con cada una de las arrugas de su cara, lloraban también sus cejas, sus dientes, sus mejillas. Toda ella arqueada en un llanto de niña, con mocos y falta de aire. El amor también es esto, le había dicho ella. Pero él había permanecido impávido, rígido como una estatua que logra ocultar su primera rasgadura, esa decisiva: donde la estatua se quiebra, estalla, y se hace polvo o se mantiene así, como si nada, con una especie de raíz tatuada en su piel de mármol.
687474703A2F2F7777772E6573746164697374696361736772617469732E636F6D2F65737461646973746963617320677261746973
|
| Estadisticas Gratis |