palabras

trilladas y vírgenes

martes, septiembre 22, 2009

Cuando alguien se muere se me quiebra el ocho dado vuelta del infinito y se borra la flecha del final de la línea histórica de tiza con un borrador fulminante y también dejo de mirar a través de la ventana para mirar la ventana ese marco áspero de madera y de repente todo lo nublado es nítido y además ya no hay curvas son todas líneas rectas y ya no veo caricias sino pinches y vértices y esquinas. Cuando alguien se muere los números pares tan suaves y cómodos se arrojan a un precipicio húmedo y negro y los impares ellos filosos y arrogantes me miran y se ríen con dientes pastosos. Cuando alguien se muere a mi se me estruja una cuerda vocal, se me coagulan las esperanzas y se me saturan los colores del recuerdo. Cuando alguien se muere yo no valoro más la vida, mas bien todo lo contrario.

viernes, agosto 21, 2009



En casi tres años ya lo hicimos más de cinco veces seguro. Me acuerdo que la primera vez fue en la playa y la última fue en el bondi, hace unos días. Veníamos de escuchar a Las Pelotas en La Trastienda, con el olor de los kilos de marihuana que se fumó el niño que estaba al lado mío impregnado en todo el cuerpo. Ni bien nos sentamos en el colectivo nos dimos cuenta que teníamos show. Pero eramos espectadores de espaldas a la función, lo cual puede ser una pena, o una ventaja. Una ventaja porque además de jugar a imaginarnos a los protagonistas podemos escuchar con más disimulo. Lo primero que escuchamos fueron las palabras de él: "Sos una egoísta", le dijo. A partir de ese momento con G nos dejamos de hablar. "Porque me compré un par de botas de mierda, 15o pesos", respondió ella. Ella tenía menos de 30 años, parecía impulsiva y hablaba mucho más que él y más fuerte. El respondió pero no lo escuchamos, una lástima. "Seguro que desde empezamos a salir tenés una listita en la cabeza de todo lo que me diste, no?", gritó indignada e irónica. Cada vez que lográbamos escuchar una frase así enterita y tan genial era como cuando se te rompe el cable de la tele y lo moves sutilmente y la imagen se ve así tan nítida y colorida por un instante. Entre su murmullo, más discreto pero furioso, sobresalió un "desagradecida" y ella arrancó y parecía una avalancha así de palabras y risitas socarronas y eran como esos subtítulos que pasan demasiado rápido pero por suerte llegamos a escuchar la frase, "vos pensás que yo te estoy gastando tu fortuna" y después el "listo listo entonces, suspendamos todo" y no, no era el casamiento, ufa, era un viaje a San Martín de los Andes pero viste ella no podía ahorrar y gastaba y entonces no no nos vamos a ningún lado, punto y silencio silencio y fue un silencio amargo, húmedo, un silencio que empezó en Alem y seguía en Las Heras, un silencio de esos que no se animan a ningún desenlace y ya no era un show, era la vida, las imperfecciones, los malos entendidos, las relaciones podridas y toda esa liquidez de la que habla Bauman. Cuando me bajé ella miraba por la ventana empañada y él estaba cabizbajo. Y a mi ya no me divirtió tanto el juego.

jueves, agosto 20, 2009

Tenemos miedo de hablar; el mundo entero es una alusión a su desgracia

Al final son ellos
los que destilan fortaleza
en estos momentos donde a mi
las palabras se me escapan
el miedo se me enrosca por el cuello
y las gotas son dos lentes de contacto temblorosos
que tienen miedo de ser lágrimas.

viernes, agosto 07, 2009



A veces no incomoda. Y no hay nada más placentero que poder suspirar y mirar por la ventana con un cuerpo al lado que disfruta esa paz que se crea entre los dos. Pero otras veces es este silencio paciente, una pausa esperanzada, o son palabras resignadas, o significados tan gastados que dan náuseas. O son letras tímidas que temen a la multitud. A esa inmensidad de letritas que se exhiben desnudas bailando en caños relamiéndose excitadas entre sí en los espacios que se reproducen infinitamente como esos dibujos idénticos adentro de otros dibujos idénticos. Y cada vez más letras, oh por dios, tanta gente, tanto para decir, tanto para comentar. Y mis letras son hijitas temerosas que se apiñan y se refugian entre mis piernas, tomadas todas de la mano entrelazadas creando esa palabra larga y enredada que todavía no puedo leer. Y se estiran y se juntan y son guirnalda fóbica. Son letritas que se enroscan como un caracol o una lengua muy larga que termina comiéndose a si misma. Y yo las aliento con dulzura las abrazo las mantengo conmigo estamos todas tapadas calentitas y no hablamos con nadie. Pero otras veces las lastimo con teclas que son latigazos y ellas sangran y lloran y me miran así con ojos con pánico y me dicen que estás haciendo mamá qué estás haciendo y yo nosé que responderles.

jueves, junio 18, 2009

pobre niña estúpida
a su alma vieja
se la están comiendo los pájaros
mientras ella, ilusa,
piensa en renacer.

domingo, mayo 31, 2009

carne

carne

lunes, mayo 18, 2009


A mi los que me dan miedo son las personas que no comunican. Los que observan silenciosos y acceden sumisos. Pueden parecer maleables, dóciles y vulnerables, pero los conozco, y te advierto: son una raza peligrosa. Suelen ser seres que a partir de sus propias percepciones elaboran elucubraciones enroscadas y firmes. Y al no tener frecuentes diálogos ni modos de expresión, son hipótesis frágiles y propias que con el tiempo son teorías son puentes de hierro oxidado e inamovible. Cualquier acto nimio e ingenuo realizado por su prójimo podrá ser interpretado -y nunca comunicado- como un acto intencional y cargado de motivaciones malignas. Son agua de tanque hasta que cae esta última gota, este inocente acto, o impredecibles factores cirscuntanciales. Allí es cuando el peligro acecha a todos los que a su alrededor se encuentran. Se sale el tapón del estanque y un remolino de ira empieza escupir odio a espectadores sorprendidos y desconcertados. Será una tormenta de verano: gotas gordas y furiosas y al rato nomás el sol. Pero yo creo que eso me da más miedo aún: el rencor que se aloja en las ranuras oscuras de la corteza de los árboles, mientras que un sol iluso cree que todo lo ilumina.

miércoles, mayo 06, 2009

¿Cuándo ser realista pasa a ser mediocridad? ¿Cuándo ser idealista pasa a ser una ingenuidad y una falta de compromiso y responsabilidad? ¿En qué momento ser un luchador se convierte en ser un insistente enceguecido? ¿Cuándo hay que acompañar al otro en silencio y cuando hay que poner en palabras lo que se piensa? ¿Cuándo hay que aconsejar y cuando hay que quedarse callado? ¿Cuándo hay que decir la verdad y cuándo hay que dejar lugar al silencio? ¿Cuándo ser sincero se convierte en egoísimo? ¿Cuándo hay que forzar un estado que en realidad no tenemos por el otro? ¿Cuándo hay que mentir? ¿Cuándo hay que luchar y cuándo hay que darse por vencido? Ay, el mar estaba oscuro y de la aparente calma surgieron, otra vez, los barcos blancos.

viernes, abril 17, 2009

No somos sino peregrinos que, yendo por caminos distintos, trabajosamente se dirigen al encuentro de los unos con los otros.

Yo me pedí una Coca, vos una Sprite. Estabas fresco e inquieto, con ese sweater celeste que te queda grande y transmite ese andar tuyo, esa esencia easy going. Cuando te paraste a buscar las bebidas, sonreí como una niña que acaba de soplar una respuesta en una prueba. Todavía flotaba en mis pupilas una historia reciente con un quiebre fulminante, un descubrir de la fragilidad. Una vez más, la culpa no me permitía disfrutar por completo de un encuentro tan perfecto: tus dedos rozando los míos en aquella sala de cine. Una cálidez nueva rodeada de una rara tranquilidad observaba paisajes fríos en la pantalla. Creo que en ese momento no pensaba. Pero estábamos arriesgándonos. Darse una oportunidad, generosidad egoísta de permitirse ser feliz. Arriesgarse, filtrarse por los poros de un ser desconocido. Basarse en la intuición, pensar que tal vez la atracción ya conoce todo lo que le falta conocer a nuestra mente. “El corazón tiene razones que la razón no conoce”, dijo Blas Pascal alguna vez. El corazón late pero no habla. La razón, todavía algo dudosa, agacha la cabeza y cierra los ojos, confía, deja guiarse por esos latidos, que, en el fondo, ahora pienso que ya te conocían.

viernes, marzo 27, 2009

si hay inteligencia, que nos venga a salvar

Si hay un tema reiterativo latiendo sin resignarse en mi cráneo es el de las etiquetas, el de las categorías. Esa limitación, esa amputación en nuestra carne humana, esa maldita incapacidad para asimilar diferencias, seres complejos, este universo tan revuelto. Esos prejuicios, esas inevitables herramientas cognoscitivas, pero esos tajos violentos que van recortando nuestra miserable realidad en un circulito tan sepia, tan redondito, tan soberbio y brillante. Ese pensamiento conductista, esas simplificaciones primitivas que transpiran hasta los seres más informados, activos, estudiosos y cualquier otro calificativo de eso que algunos confunden con inteligencia. ¿Por qué no puede ser gris? ¿Por qué no puede ser tibio? ¿Por qué mierda no puedo estar parada en el medio? Todos catalogamos. Sacas un piecito afuera de un esquema e inmediatamente te empujan con violencia en el opuesto. Y es tan asqueroso y trillado decir que esto no es un partido de fútbol, que acá no hay dos tipos de camisetas sino millones, cada uno de los rostros que habitan este planeta. Pero pareciera que a todos nos hace falta. Me acuerdo una vez un profesor me dijo “los extremos son didácticos” y ahora me pregunto: ¿no será ese el problema? ¿no estamos transmitiendo un mundo dividido en dos? ¿no estamos sutilmente traspasando este peligroso pensamiento de generación en generación? ¿tendremos algún día la capacidad de hacer un esfuerzo brutal por impedirlo? Ojalá che, creo que ahí radican varios de nuestros conflictos.

martes, marzo 03, 2009

Llora en la ciudad como llueve en su corazón

Siempre me dio la sensación de que debajo de lo que sentimos
hay un sentimiento más real, más profundo, un sentimiento que funda al que está por encima,
que lo transpira como una capa gelatinosa que se solidifica al contacto con la realidad de los demás.

“La ley de la ferocidad”, Pablo Ramos.




Hace más de una semana estaba en la peluquería cuando entró una señora de una elegancia contaminada con la fragilidad de una vejez galopante. Despacito y algo temblorosa se acercó a una de las peluqueras que estaba atendiendo a otra clienta. No alcanzaba a oír bien, pero parece que le pedía un turno. Sus labios color carmín se movían con dificultad en un mar de arrugas amarillento. La peluquera, una morocha fortachona y joven, le dijo que ella no daba turnos, que tenía que esperar, o que saque turno con otra. Casi ni la miró, y siguió atentiendo a su clienta. La señora se dio vuelta y subió con dificultad los incómdos escalones que la llevaban a la salida. Se encaminó a la puerta y tuvo un breve diálogo con la recepcionista. De repente, la señora estaba llorando. Un llanto de anciana, apenas se escaparon tímidas algunas lágrimas. La recepcionista apoyó su mano en en el hombro de la señora y le abrió la puerta para que salga. Antes de salir, ella se secó su llanto transparente como una niña: usando su palma, sus dedos, todo su cuerpo borró ese quiebre. Suspiró y se tragó en un trago amargo y grueso su angustia hermética para volver a salir a la vereda, a la calle, al barrio, a su casa, a ese lugar en donde se acostumbró a llorar así, con lágrimas ya secas.



miércoles, febrero 25, 2009

¿Por qué la gallinita dijo Eureka? VI

¿Quién mira las novelas de Miguel Angel Rodríguez?

¿Es Twitter otra forma de narrar cada segundo de nuestras vidas?

¿Por qué en McDonalds no te piden que firmes cuando pagas con débito?

¿Quiénes son los responsables del spot publicitario de puertas Pentágono?

¿Por qué en las películas nunca suena el teléfono y es equivocado?

¿Compartís la frase de María Elena en Vicky Cristina Barcelona?

viernes, febrero 20, 2009

vulnerable

A mi me encanta cuando tengo las respuestas a sus preguntas. He estado perdida, dudosa, sin guía T. Y me es fácil ponerme en su lugar. Me encanta cuando puedo explicarles con lujo de detalles como llegar a la esquina. Me gusta sonreírles y que me sonrían y agradezcan. Pero anoche él no buscaba una calle. Él no quería saber para que lado era Cramer. Yo le explicaba tranquila y paciente pero él no me escuchaba. Él me interrumpía algo agresivo, él me volvía a preguntar lo mismo, yo volvía a respondérselo. Hasta que algo me hizo alejarme. Y ahí me pidió monedas. Y unos segundos después, llegó la frase que ahora no puedo dejar de repetir en mi cabeza: "Dame la plata, tengo un fierro". Crucé corriendo al video de Virrey del Pino, y me desarmé en llantos. Yo no quiero seguir caminando cuando me pregunten la hora. Yo no quiero seguir caminando cuando me pidan comida. Yo no quiero seguir caminando cuando me pidan monedas. Yo no quiero cambiar. Yo no quiero ser desconfiada. Yo no quiero caminar con un aerosol en mi cartera. Yo no quiero volverme paranoica. Pero yo no quiero que me vuelva a suceder algo así, o algo peor. Yo no quiero que le pase a mi hermana, yo no quiero que le pase a mi amiga. Yo no quiero que le pase a nadie. Pero yo no quiero vivir atrás de una puerta Pentágono.

viernes, febrero 06, 2009

Tener público, pensar en el público, eso es vivir en lamentira...

...La persona que pierde su intimidad, lo pierde todo"

Milan Kundera en "La insoportable levedad del ser"

Hay un tipo de hombre que me produce sentimientos encontrados. Es el clásico pibe cuya soberbia llega a límites insospechados de locura (incluso a mentir compulsivamente para mostrarse superior) pero cuya autoestima es más frágil que una copa de champagne. Nunca puede mantenerse como observador en una reunión. Cualquiera sea el terreno que se esté atravesando en la conversación, el escupirá palabras impulsivamente para estampar su huella grotesca y enorme: siempre más grande que los piecitos de los otros. Si se está hablando de Alemania, él dirá que allí estuvo. Incluso frente a testigos cercanos que puedan, con su sola presencia, comprobar la falsedad de dicha información. Si se está hablando de alguna empresa, dirá que él conoce a la directora. Si se está hablando de una noticia, interrumpirá rápidamente para dar más información. Lo triste de este ser humano es que nunca se sorprende: siempre aparenta estar al tanto de todo. Como es de esperarse, se trata de un ser sumamente inseguro. Este tipo de hombre suele tener algún tic nervioso (comerse las uñas, mover el piecito, tocarse el pelo) o mostrarse sumamente inquieto. Jamás en actitud de escucha, se la pasa vomitando sus minúsculos logros, mostrando sus trabajos, exagerando sus habilidades, substimando éxitos ajenos, comentando la reacción de los otros frente a sus genialidades. Sus amigos suelen ser un grupo de súbditos que lo aplauden, admiran, lo siguen y se ríen de sus guiños. Son todos playmobils que lo rodean, sus pupilas obnubiladas son pequeños espejitos donde nuestro pitufo narcisista se ve reflejado. Eso o la lucha continua, porque para un ser autónomo y con algo de inteligencia este tipo de personalidad se vuelve intolerable. Sus mujeres suelen hablar como niñitas y ser una especie de mujer domada japonesa de pies de loto posmoderna. Pero su interior tan tembloroso y flaquito suele ser evidente para gran parte de la raza humana. Y ahí es donde los sentimientos se encuentran. Uno ya lo conoce, lo tiene diagnosticado, no lo soporta. Pero cuando su manto superpoderoso se raja y se filtra la luz de la humanidad en el Hulk de la soberbia uno no puede evitar sentir ternura y compasión por esta especie: después de todo, un ser humano chiquitito y frágil (que necesita una buena terapia) buscando algo de amor, como vos, como yo.

jueves, enero 29, 2009

palabras

Ay palabras
que salen desatadas
y caen filosas y brillantes
en tu corazón blando y húmedo
como una esponja.

Ay palabras
no serán nunca
como las huellas frescas que el mar borra
en un instante.

Ay mi amor
no puedo ser escudo
de algo tan etéreo
pero tan punzante.

jueves, enero 22, 2009

Anoche me desperté a las 5 de la mañana con una lapicera molestándome en la espalda. Hacía calor, mucho. Igual pensaba que la gente que se queja del calor porteño en enero debería aprenderse algunos chistes, o escuchar los acertijos de Continental o las adivinanzas de Paenza, o mirar más noticieros, así tiene otros temas de conversación. Después pensé en como debe ser estar en Gaza ahora, después en el desayuno, en las pastillas de hierro, después en vos y en el viaje de mañana. Me dolía mucho la cabeza entonces me acosté mirando para arriba como me había recomendado mi médica que es tan linda y perfeccionista y me puse la almohada así, tipo cervical rest. Y entonces de nuevo parecía que estaba en un cajón, y empecé a pensar en la muerte. Y después pensé que cuantas cosas puede uno pensar en tan poco tiempo pero en seguida me vino así como un gran peso, que me asfixiaba, que está latente escondido detrás del optimismo de principio de año. Ayer repasé mi currículum y me di cuenta que, a pesar de que trabajo hace alrededor de 7 años, nunca busqué trabajo. Siempre me fueron cayendo ofertas que acepté gustosa. Y ahora este febrero que me persigue ya me clavó los colmillos en el cuello y yo tengo muchas ganas y sé que puedo pero nada. Y yo no quiero estar sin hacer nada. Estar sin nada puede ser un infierno en pausa, que es el peor de los infiernos. Es un circo deprimente de verano en un pueblo del sur de Buenos Aires. Es la gelatina sin sabor de la angustia congelada. Y ahora pienso que no es el calor lo que me provoca este insomnio pegoteado, es esta enorme y minúscula sensación de adultez. Este sentirse sola frente al mundo.

martes, enero 13, 2009

abrazame que tengo frío

Esa noche
pusimos Las Pelotas y comimos unas pizzas con cerveza en el balcón mirando el mar

pero fue una noche triste.

domingo, diciembre 28, 2008

mujeres en el baño


Estábamos tiradas con Clara y Josefina en la cama grande de mis papas mirando tele cuando Jose dijo pronunciando con lentitud e intensidad cada palabra:
- "Male... o Clari..., ¿me pueden explicar que son esos a punto b o o punto b que son como unos palitos que se meten en la cola?"
Clara siguió mirando tele como si nadie hubiera hablado. Yo, desconociendo hasta donde había llegado Madre con este tipo de explicaciones, opté por la ignorancia fingida y cuando le dije que no sabía de que me estaba hablando, sucedió:
- "Pará que te los traigo", dijo, y al ratito volvió: despeinada, con su camisión estirado y con una cajita de o.b. medianos entre las manos.
Interpretando la antipedagogía personificada, opté por clausurar el tema con un "son cosas que usan las mujeres, preguntale a mamá". Ella los dejó por ahí y siguió con Disney Channel, pero yo la conozco. En unos días buscará otras fuentes, volverá sobre mi, sobre mamá, o escribirá "o.b." en Google.

miércoles, diciembre 17, 2008

Sí, estoy bien, gracias. Estoy de maravillas. Oscilando entre la alegría y la felicidad. Ni siquiera se ha asomado –todavía- la angustia del bronceado navideño, ni la irritación ante el naturalizado consumismo bulímico, ni las arcadas frente al olor del pan dulce. El problema son las letras. Parece que me hicieron alguna especie de botín. A veces las tipeo y empieza una lucha asquerosa, las letras se empiezan a comer mutuamente, el bloc de notas se vuelve el anfitrión de un canibalismo salvaje, sangriento y literario. Otras veces las escribo y empiezan a retroceder, van desapareciendo y a medida que las vuelvo a plasmar se repliegan, las muy perras. La última vez que lo intenté pasó algo muy raro. Comenzó una especie de sopa orgiástica de letras. A medida que aparecían en la pantalla se empezaban a entrecruzar formando letras nunca antes vistas, no había distinción de géneros, ni de acentos, ni de esdrújulas: las consonantes se frotaban con las vocales, los acentos se metían en un menage a trois consolidando una sílaba al rojo vivo, una cosa de locos.
En fin, sí, estoy bien, gracias. Estoy de maravillas. Es mi vínculo con ellas el que está en crisis. Todavía desconozco si son los celos de otras miles de letras que estuvieron absorbiendo mis pupilas, tal vez se ofendieron porque las escupo en lugar de mimarlas, o alguien se las comió en la masa del lemon pie del otro post.
En fin, sí, estoy bien, gracias. Estoy de maravillas. El problema son las letras.

viernes, diciembre 12, 2008

más triste que las plumas mojadas
es verte envejecer

jueves, diciembre 11, 2008

tu hielito ordenado
quizás sea la punta del iceberg
de tus ganas de muerte

jueves, diciembre 04, 2008

Hoy me gustaría escribir de la angustia de un día de sol, de los pájaros de pico sangriento, del cielo como un vidrio brillante o de tu tos de auto descompuesto. Hoy me gustaría escribir sobre el asco que me da cuando se chupetean los del asiento de adelante, sobre el rechazo que me dan los que hablan con postura de mayordomo francés, sobre el tipo que le gritó rengo puto a un flaco que cruzaba con muletas. Hoy me gustaría vomitarte un poco, sacudirte, irritarte, hacerte reír, angustiarte. Pero hoy soy un gusano enamorado: feliz y con letras más trilladas que vírgenes.

lunes, noviembre 24, 2008

a veces sos el mar
y tu línea de horizonte
un misterio tan inquietante
que me angustia

lunes, noviembre 17, 2008

hace varios días que quiero
poner todas las letras en el horno
calentarlas y dorarlas
que algunas exploten
y a otras sacarlas
y triturarlas y mezclarlas
con manteca y con mis dedos
con mi furia y con mis dedos
con mi vómito y con mis dedos
y con galletitas Lincoln

lunes, octubre 27, 2008

“Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno:
esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo burgués,
esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente”
Hermann Hesse, “El lobo estepario”.



Ella
pirámide egipcia
cúmulo de perfección
mariposa amarilla

Ella
miel sensual
amante generosa
risa de sal

Ella
guirnaldas de flores
vientos de estrellas
besos de colores

Ella
que parece la felicidad
va dejando
un halo de angustia
tras sus pasos.

soy

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malena
Cada post es impulsivo, no me lleva más que unos minutos y lo escribo directamente acá en Blogger. Escribo cuando tengo ganas de escribir y de la forma que tenga ganas de hacerlo.
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